La Declaración de Glasgow para el turismo: Tiempo de actuar

la declaración de Glasgow

Recientemente se ha presentado en la COP26 la Declaración de Glasgow para la acción climática en el turismo. Importantes empresas turísticas, algunos gobiernos y destinos y otras entidades sociales se han comprometido a reducir las emisiones a la mitad de aquí a 2030 y alcanzar el objetivo de cero emisiones en 2050. Todo ello bajo la protección de la Organización Mundial del Turismo (OMT).

Desde sus inicios la OMT ha promovido el desarrollo equitativo, responsable y sostenible del turismo. Ha producido más de una veintena de declaraciones y recomendaciones básicas sobre sostenibilidad turística en los últimos 40 años. Desde la Declaración de Manila sobre el Turismo Mundial de 1980, hasta el Código Ético Mundial para el Turismo (CEMT), de 1999.

Sin embargo, los impactos negativos producidos por la actividad han alcanzado niveles muy preocupantes. Por lo que no sorprende que la exposición de una nueva declaración pública haya causado cierto escepticismo. Resulta paradigmático que la cuestión del CEMT, no soporte una evaluación firme por parte de gobiernos y de la industria turística en cuanto a la implementación de sus objetivos.

La Declaración de Glasgow

La Declaración de Glasgow ha sido publicada en un momento clave para nuestro futuro. Pese a ciertas sombras que proyecta, nos logra un juicio general positivo. Partiendo del compromiso mundial de reducir a la mitad las emisiones para 2030, constan otros aspectos de interés que merecen destacar:

  • Su universalidad, considerando tanto el valor económico de la actividad, como la regeneración de los ecosistemas, las comunidades y la biodiversidad.
  • El liderazgo y la armonía de la acción climática de todos los agentes del turismo. Ligando la sociedad civil y los círculos académicos, ampliando el circulo de las partes interesadas.
  • Priorización de las necesidades y voces de los grupos vulnerables, así como de las generaciones más jóvenes.

Los valientes compromisos que asumen sus partes describen, en nuestra opinión, la esencia de la declaración de Glasgow:

  • plazo de 12 meses para presentar planes de acción por el clima a partir de la firma y llevarlos a la práctica, e
  • información pública anual de los progresos de alcance de objetivos a medio y a largo plazo, además de las medidas adoptadas.

No obstante, existen algunos elementos de la declaración más debatidos, como la escasa claridad en los planteamientos con respecto al transporte, tan crucial para el futuro del turismo. Que no ofrece alternativa al círculo contradictorio entre promoción y limitación.

La declaración de Glasgow, establece deberes o compromisos morales, sin obligar jurídicamente a sus promotores y firmantes. Por tanto, se inserta en el marco de la ética no en el del derecho.

Se necesita valentía en transformar promesas en realidades y no solo en el valor de la palabra, sino sobre todo en la acción.

Instaurar un marco claro de aplicación, con mecanismos de verificación del cumplimiento y un sistema de conciliación y mediación ante posibles disputas, constituye, a nuestro juicio, el principal reto de la declaración

Esto debería completarse apresuradamente mediante una adenda a la propia declaración en la que se suponga un órgano independiente con capacidad de presentar informes periódicos sobre el cumplimiento de las obligaciones adquiridas por los signatarios.

Es importante la honestidad y la transparencia para poder generar credibilidad y confianza en esta declaración que puede y debe ser un buen catalizador de cambio y mayor justicia social.

El secretario general de la OMT ha manifestado que, «la Declaración de Glasgow es una herramienta para ayudar a salvar la distancia entre las buenas intenciones y una acción climática significativa». Por ello es necesario conocer como la OMT y los demás promotores van a controlar y promover su aplicación. Lo cual va a revitalizar el sistema turístico internacional necesitado de un fuerte liderazgo, hoy más que nunca.

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