¿Cómo aproximarnos a una mejor sostenibilidad social? El papel de la gobernanza turística en los destinos - Samuel Rodríguez Consultor de Turismo
En un mundo cada vez más interconectado, el turismo está ya consolidado como una de las principales actividades económicas a nivel global, especialmente en muchos países, como es el caso de España, gran dependiente de esta actividad económica. Sin embargo, esta relevancia trae consigo responsabilidades importantes. La sostenibilidad social en los destinos turísticos se presenta como un desafío crucial (además de la sostenibilidad económica y medioambiental), especialmente en un contexto donde los impactos del turismo pueden ser tanto beneficiosos como perjudiciales para las comunidades locales. En este escenario, la gobernanza turística emerge como una herramienta esencial para equilibrar intereses y promover un desarrollo justo y sostenible.
¿Qué entendemos por sostenibilidad social en el turismo?
Un destino para mantener y mejorar el bienestar de sus comunidades locales mientras acoge a viajeros (ya sean estos viajeros turistas, pernoctando en el mismo destino, o excursionistas los cuales pasan tan solo unas horas en cierto punto). Este concepto de sostenibilidad social abarca temas como la equidad, la inclusión, la participación, el respeto por las culturas locales y la distribución justa de los beneficios económicos generados por el turismo.
A menudo, el enfoque de sostenibilidad en el turismo se ha centrado más en los aspectos ambientales, como la reducción de la huella de carbono o la conservación de los recursos naturales, entre otros tantos. Sin embargo, la dimensión social es igual de importante, ya que sin una comunidad local fortalecida y comprometida, cualquier estrategia de sostenibilidad estará incompleta. Además, la tercera gran vertiente de la sostenibilidad, la económica, está directamente relacionada con la social, puesto que, generalmente, cuanto mayor rédito económico obtenga un grupo de personas, mayor será su acercamiento a un bienestar comunitario


La gobernanza turística como clave para el cambio.
La gobernanza turística se define como el conjunto de mecanismos, procesos y estructuras mediante los cuales se toman decisiones sobre el desarrollo turístico de un destino. Una eficiente y robusta gobernanza se basa en la participación activa de todos los actores involucrados: gobiernos, tejido empresarial, comunidades locales y también los mismos viajeros. Se pueden definir tres principales pilares para lograr una gobernanza turística efectiva:
- Participación comunitaria. La inclusión de las comunidades locales en la planificación y gestión turística es fundamental para garantizar que sus necesidades y preocupaciones sean escuchadas y tomadas en cuenta para intentar resolverlas en la medida que sea posible. Esto no solo fortalece el tejido social, sino que también fomenta un sentido de pertenencia y empoderamiento de las comunidades locales, que serán aquellas que reciban también a los turistas y excursionistas.
- Transparencia y rendición de cuentas. La toma de decisiones debe ser clara y accesible para todos los interesados y estar adaptadas para que sean entendidas por la gran mayoría de actores locales. Esto incluye procesos de transparencia como compartir información sobre los ingresos generados por el turismo y cómo se reinvierten en la comunidad, por ejemplo. De esta manera el tejido local verá con buenos ojos la actividad turística y se sentirá integrado en multitud de procesos de gestión, entendiendo la evolución del destino habiendo sido comunicada a stakeholders locales.
- Equilibrio de intereses. Es crucial equilibrar las necesidades de los viajeros, las empresas y las comunidades locales para evitar la sobreexplotación de los recursos y minimizar los impactos negativos, como la gentrificación, la desigualdad económica, el escaso acceso a la vivienda, la pérdida de esencia local, etc. Actualmente, por desgracia, se pueden encontrar infinidad de destinos con grandes conflictos de intereses que no están siendo abordados seriamente, donde predomina lo económico por encima de lo social, donde unos pocos (en ocasiones ni siquiera residentes locales) consiguen obtener grandes beneficios económicos a costa de la dificultad diaria que tienen muchas personas para residir en entornos turistificados.
Desafíos comunes en la implementación de la gobernanza turística.
Aunque existen avances relevantes desde algunos años atrás, los destinos turísticos enfrentan varios desafíos al tratar de implementar estrategias de gobernanza orientadas a la sostenibilidad social:
- Falta de recursos. En muchos destinos, la escasez de presupuesto y de personal cualificado limita la capacidad de los gobiernos locales para gestionar el turismo de manera efectiva, así como en la búsqueda de posibles soluciones a problemas actuales.
- Conflictos de intereses. Las prioridades de los actores privados como lobbies hoteleros, grandes tenedores de apartamentos turísticos y otros tipos de negocios vinculados al turismo, en ocasiones entran en conflicto con las necesidades reales de las comunidades locales y su calidad de vida.
- Desigualdad en la participación. En algunos casos, ciertos grupos dentro de la comunidad local pueden quedar excluidos de los procesos de toma de decisiones, lo que perpetúa la inequidad. En este punto, es fundamental abogar, sobre todo desde la parte que gestiona el destino, por los procesos de comunicación, transparencia y búsqueda en la participación.
¿Cómo pueden los destinos avanzar hacia una mejor sostenibilidad social?
Para aproximarnos a una sostenibilidad social más efectiva a través de una óptima gobernanza turística es necesario adoptar un enfoque integral que considere los siguientes aspectos:
- Educación y sensibilización. Tanto los viajeros como las comunidades locales deben ser educados sobre la importancia de la sostenibilidad social y todo lo que envuelve a la actividad turística. Campañas informativas, talleres y programas de capacitación pueden marcar la diferencia.
- Promoción del turismo responsable. Los gobiernos y las empresas deben fomentar prácticas que respeten la cultura y los recursos locales, favoreciendo mayores ingresos como a través del consumo de productos autóctonos, el disfrute de experiencias turísticas ofrecidas por empresas locales, alojamiento en espacios que apuesten por soluciones sostenibles, contratación de guías expertos y acreditados para aprender sobre el entorno local, etc.
- Monitoreo y evaluación. Es esencial establecer indicadores claros para medir los impactos sociales del turismo y ajustar las estrategias según sea necesario. Por ello, el destino puede iniciarse e implementar el modelo Destino Turístico Inteligente (DTI) donde el uso de indicadores es clave para evaluar la evolución del destino, no solo a nivel social, sino también a nivel económico y ambiental.
- Colaboración público-privada. La cooperación entre gobiernos, gestores locales, empresas y comunidades es clave para implementar soluciones innovadoras y sostenibles, donde las decisiones sean tomadas mediante procesos participativos, quedando los actores locales informados de aquellos procesos más relevantes en cuanto a la futura actividad turística del destino. Eventos presenciales, jornadas online, talleres, encuestas, foros, etc. pueden ser algunos ejemplos que motiven a los actores locales a colaborar y a sentirse integrados en las futuras estrategias turísticas.

La sostenibilidad social en el turismo no es un objetivo lejano, sino una necesidad urgente para garantizar el bienestar de las comunidades locales y la viabilidad a largo plazo de los destinos. La gobernanza turística, cuando se gestiona de manera participativa y transparente, tendrá el potencial de transformar los desafíos en oportunidades. Por ello, no se deben desarrollar proyectos en materia turística sin tener en cuenta a todos los stakeholders locales.
Estas ideas mostradas anteriormente son acciones básicas que, bien es cierto necesitan de grandes esfuerzos, principalmente de capital social, pero pueden ser implementadas en cualquier destino si existe lo más importante: la voluntad de hacer las cosas mejor y dar prioridad a lo social, prestando atención a lo económico, por supuesto, pero sin perder el foco en la intención de que el destino en sí y su sociedad local evolucione y conviva en un entorno favorable, tranquilo y que disponga de un próspero futuro para su comunidad.

Samuel Rodríguez. Consultor Turismo